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Runners por el Mundo: Flor Pollola en la Maratón de Rio 2013



By  Pablo Di Corrado     9:23    Etiquetas:,, 
Revivimos la crónica de Florencia Pollola (Diseñadora en Comunicación Visual) y su experiencia en la maratón de Rio de Janeiro 2013.

Maratona de Rio de Janeiro

 


Domingo 7 de julio, 4.10 horas suena Ismael Serrano en mi teléfono. Es hora de levantarse. Ya estoy despierta desde las 4. Imposible aplacar la ansiedad. No sé si dormí siquiera. Nos cambiamos y preparamos el desayuno para comer en el micro que nos lleva a la largada.

5 hs. Llega un taxi para llevarnos al lugar de partida de los ómnibus. En el trayecto desde el hotel hasta Aterro do Flamengo, vamos viendo calles cortadas por las que, en unas horas, vamos a pasar corriendo casi llegando a la meta. Bajamos con mucha emoción corriendo hacia los micros y, sin darnos cuenta, nos colamos delante de casi 3 cuadras de gente haciendo la fila. Aprovechamos el viaje para desayunar. Todo es emocionante. No sabemos si tenemos sueño, hambre. Ya estamos jugados.

6.45. Llegamos a Recreio dos Bandeirantes. Las mujeres vamos al baño. En la cola nos hablan las brasileras. Claro, son mayoría. Las entendemos y les hablamos en castellano. Creo que nos entienden. Todas son sonrisas. Nada puede opacar tanta alegría, tanta expectativa, tanto esfuerzo. Vamos a pasarla bien.

7.30. Señal de largada. Logramos traspasar el arco pasados los cinco minutos. Ya estamos corriendo. No sé si lo estoy soñando o realmente llegó el momento.

Los primeros dos kilómetros acomodamos el ritmo. Esquivo gente. Voy por la vereda. Un amigo grita: “Sigamos al tanque australiano que va abriendo camino”. Soy yo, tengo la virtud de ir abriendo el paso. ¿Es verdad que estamos corriendo en Río? Miro a mi derecha, es verdad. El calor ya se siente, el paisaje lo confirma y la alegría es puramente brasilera.

Siempre corro sola, pero esta vez, al llegar al kilómetro 9, encuentro a un compañero. Vamos los dos al mismo ritmo. Casi sin querer seguimos tirando juntos. Llegando al km 10 encontramos a nuestro experimentado Jefe. Maratonista si los hay. Sale mi grito agudo: “Hola, Pana”, Me da la mano y me dice: “Hola princesa, ¿qué hacés por acá?”. Y se convierte en mi sostén.

De un momento al otro llegamos al kilómetro 21. La primer gran cuesta. Creo que es dura, sí, pero la verdad que no la siento. Van conmigo muchas más personas que las que realmente tengo a mi lado. Y las que van a mi lado empujan. Corremos sin dejar de sonreír, de mirar a los costados.

El Jefe nos mira y nos dice: “Quiero que no termine nunca”. Y sí, yo tampoco quiero que termine.

Entramos a un túnel con luces y música. Se viene a mi cabeza la frase de una de mis grandes amigas: “Vas a brillar, Florcita”, y la del Jefe diciéndome “dejá que salga la luz”. Cierro los ojos y sigo corriendo tratando de concentrarme en no llorar. Me olvido de las subidas. Corro, libre, feliz, dejando salir lo que sea que tenga que salir. Soy yo.

No sé bien cómo, pero ya llegamos al kilómetro 30. Me toca tomar otro gel. Río es mi primer maratón con geles. Experiencia más que favorable. Correr cuidando nuestro cuerpo es otra enseñanza que me deja esta carrera.

Con nosotros viene un brasilero. Creo que desde el kilómetro 11 lo tenemos al lado. El Jefe me dice: “No lo sigas que te cambia el ritmo, lo tengo al lado desde el kilómetro 6”. Tiene razón. Además se cruza de un lado al otro. Dos o tres veces estoy a punto de chocarlo. ¡Ni eso me enoja! ¿Cómo me voy a enojar? Estoy en los 42k de Río de Janeiro con más fuerza que nunca. Voy para adelante.

El jefe me pregunta: “Flor, ¿cómo viene la crónica?”. Le respondo: “Venía pensando eso, Panita. Somos 8 personas casi desconocidas en algunos casos, y tiramos todos para el mismo lado”. Empiezo a explicarle lo que pienso y me interrumpe: “Guardá aire”. Sólo sonrío y le hago caso.


Maratona de Rio de Janeiro


Llegamos a la segunda cuesta. Ésta es más dura. Más prolongada. Pero no duele. No molesta. Bajamos un poco el ritmo pero seguimos constantes. Un morro bien alto. No sé bien por qué parte del recorrido voy, pero no estoy cansada; ni por un segundo se cruza por mi cabeza detenerme. Quiero que siga para siempre.

Comienzo a ver gente que se va quedando. Es inevitable no alentarlos. Me hago la brasilera y suelto unos “VAI, VAI”. Devuelven sonrisas.

Se queda uno de nuestros compañeros. Lo tratamos de arengar para que siga, pero nos hace señas de “sigan ustedes, necesito aflojar un poco”.

Llegamos al km 35. Lo pierdo al Jefe. Creo que estamos por llegar ala Rosinha. Miro para atrás y ya no lo veo. A seguir sola como cuando aprendí a andar en bicicleta sin rueditas, y, de repente, mi papá soltaba la parrilla para que fuera sola. Me voy con el envión del Jefe y la arenga a distancia de amigos, familiares, entrenadores. Siento que todos van conmigo de alguna manera.

Pasando por la Rosinha, cruzo nenitos extendiendo sus manos para que se las choquemos. Las caras de felicidad al corresponderles el saludo no tienen precio. Vuelvo a contener la emoción.

Llegando al km 37 cruzo a otro de mis compañeros. Uno de los veloces. No entiendo bien qué hace ahí. Me dice que lo mató el calor. “Seguí”, me exige. Ahí me doy cuenta que quedan 5 km y termina. Ya llego. No queda nada. Menos de media hora. Se va.

Quizás por no querer que termine, empiezo a mirar los carteles de la Meia Maratona que, a esta altura del recorrido, coinciden con los nuestros, quizás así la carrera se me extiende un poco más. Estoy de nuevo en el kilómetro 16. Pero mi plan no funciona. Ya se termina.

El brasilero que se cruza y hace cosas extrañas sigue al lado mío. Nos acoplamos con otro. Somos tres que vamos juntos. Uno me habla. Entre mi música y el poco aire con el que me habla no entiendo qué me dice. Sonrío y continúo.

Kilómetro 40. Son dos más. Una vuelta y un cuarto al Parque San Martín, de La Plata, pienso. “¡Qué poquito!”, exclamo en voz baja.

Kilómetro 41. Mireloj me está marcando todo medio desfasado. ¡No quiero que termines, Río!. La gente grita, alienta. Y cuando aparecemos las mujeres, más nos alientan: “VAI GAROTA”.

Kilómetro 42. Quedan195 metros. Ya no miro el reloj. Hace dos kilómetros que vengo intentando acelerar un poco el paso, sin llorar hasta que termine.


Nota publicada originalmente en el Blog La Nacion Running
Gracias a Florencia y a Damian por permitirme revivirla.


About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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