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Media Maratón de Nueva York por Fernando Vilardebo



By  Pablo Di Corrado     13:28    Etiquetas:,,, 

Camino helado por las oscuras calles de Manhattan hacia el Central Park, en las esquinas veo decenas de sombras como yo yendo en mi mismo sentido, todos con las bolsas traslúcidas de la organización de la carrera con ropa, bananas, geles y demás implementos necesarios para nuestro día. 

Allí vamos, finalmente, es el día de la media maratón de Nueva York. 

Es de noche, hace mucho frío –aunque menos que el pronosticado- y por suerte no llueve como el día anterior. La televisión indica 42 grados, valores en grados Farenheit que no me significan –casi- nada. Hay un 60% de humedad y un viento del oeste a 18 millas.  

Donde fueres haz lo que vieres, dice mi máxima viajera, y veo que algunos locales no se quedan tiritando en las escalinatas del lujoso The Plaza hotel en la esquina del Central Park ni buscan imposibles –cerrados- cafés para tomar algo, caminan y entran al Apple Store de la esquina, el templo moderno, un cubo de cristal con la icónica manzanita, abierto los 7 días de la semana las 25 horas del día (Apple siempre sorprende). Dentro decenas de corredores se guarecen del frío entre novedades tecnológicas. El baño reservado a los clientes superó con creces a los baños químicos destinados a los corredores en el camino hacia la largada. 


Tengo que dejar la bolsa con mi número y abandonar el abrigo para quedarme durante cuarenta minutos vestido de corredor veraniego en los helados 4 grados Celsius del hemisferio norte (que me impactan mucho más que el frío del hemisferio sur). 
En la entrada al parque pasamos un control de armas, con amables policías que tras el cacheo nos deseaban que disfrutáramos nuestro día. Luego otro control de armas con saludos amistosos, tanta amabilidad asusta. 

Un nutrido grupo de corredores, colorido, hablando mayormente en inglés pero también castellano, italiano, francés, alemán y otros idiomas del norte de Europa. Chino y japonés también escucho. Todos con sus remeras de otras maratones, de otras carreras, verdes, amarillas, rojas. Teléfonos en los brazos, Ipods o similares, no es un cable a tierra, no. 
No corro con música ni ningún otro sistema de aislación; corro con el alma y la compañía de cientos, miles de corredores desconocidos en una comunión asombrosa. Es una de las maravillas que tienen las maratones populares donde los pasos se acompasan entre la multitud. 
Una bella canción silencia el murmullo general, es God Bless América, una canción que hace las veces de himno nacional. 
Por algún error en mi inscripción saldré primero. No, no es podio, sino que saldré en la primera de las tres olas de largada. Camino hacia la largada con miles de corredores que parecen no sentir el frío que yo siento.
 
Puntualmente, los 25000 corredores avanzando lento, sin saltearse los corrales destinados ya estamos en el punto de largada y mi ojo izquierdo emocionado llora independientemente de mi voluntad. Salimos hacia el norte por estas maravillosas calles internas del Central Park, un parque cuidado y salvaje, impecable, con subidas, bajadas, ardillas, lagos y ríos, patos, cisnes, teatro, canchas de tenis, beisbol, bebederos, vestuarios, bares, el John Lennon Memorial, restorants y mil cosas más que no he visto aún. Un par de subidas me ponen más lento pero una gran excitación general me pone más rápido, muchísimo más rápido. Estoy sorprendido. Las ventanas de atrás del Metropolitan Museum of Art nos saludan antes de pasar por el primer kilómetro. Pronto me maravillo con el edificio del Guggenheim Museum. Subidas y bajadas, sobre todo subidas hacia el norte. Salimos del parque y damos una pequeña vuelta por Harlem, para volver a entrar al parque y dirigirnos hacia el Sur, casi van 10 km y seguimos en el Central Park. Es hora de salir, bajamos por la Séptima Avenida hasta la calle 42. 

Me sorprende mi andar, Nueva York excita en todo sentido
Observaciones de color a las que aún no he encontrado respuesta. Salvo los de elite, casi no hay negros entre la masa de corredores He preguntado a los locales y las respuestas no me satisfacen. 
Correr con una camiseta argentina es siempre un aliciente importante. Por Argentina y por algunas buenas intenciones generadas en compatriotas y admiradores de nuestra maravillosa idiosincrasia (que esta vez he sentido menguar). Me alientan una sola vez –en todo el recorrido- desde atrás de las vallas, y dos compatriotas durante la carrera. Dos latinoamericanos hicieron lo propio. Nada más, sin querer entrar en discusiones sin sentido algo mal hemos de estar haciendo. 
Pasar por el Times Square, encandila a cualquier hora del día o de la noche. 
Dar la vuelta por la calle 42 hacia el río. La West Side Highway, los puertos del Hudson River fue atroz, dejar el abrigo de los altos edificios de la 7ma Avda. para entrar en un pasillo de viento helado de frente, fue fatal. 
Recorrer toda la zona de los docks, los Pier (algo parecido a Dock Sud, pero distinto), amplia avenida con grandes barracas, destinada a centros culturales, shoppings, estadios. Supero con creces las dos terceras partes de la carrera y sigo sorprendiéndome de mi performance. 
Pequeños grupos de familiares alientan con gritos y carteles. Jóvenes porristas hacen su número. Solo faltó algún americano pidiendo matrimonio… “NYRR presents” decían los carteles, para presentar variados grupos musicales y DJs que musicalizaban nuestro paso. Un grupo de tambores me hace volar.
Reconozco Chelsea a mi izquierda y un puerto de taxis acuáticos a mi derecha, veo de lejos la High Line, maravillosa y el Meatpacking District. Como si el viento fuera poco un helipuerto con dos helicópteros que suben y bajan todo el tiempo nos ventilan más aún. Algo mengua mi rendimiento pero estoy haciendo una fantástica carrera, pasamos por el Ground Zero, zona donde estuvieron las Torres Gemelas y no puedo dejar de reflexionar sobre el sinsentido de estos tiempos. Cerramos la isla de Manhattan al sur por el Battery Park. Pasamos los 20km y aún puedo, siento que puedo, hacer un sprint final. Mejorar dos o tres segundos, digo, para dar una vuelta dentro de un largo, infinito túnel, donde jugué y temí mentalmente con cierta claustrofobia y películas catástrofe. Salimos nuevamente al aire libre, pleno Distrito Financiero, hacia la zona de Wall Street (que no es el muro del km 30 pero voltea a más de uno), una vuelta con las vallas y las banderas finales, me costó encontrar la nuestra, primero confundida con la hondureña (hasta que le ví el escudo central), a pocos metros del final, sobre la derecha, nuestra bandera me saluda en una media maratón con una excelente tiempo como hacía años no hacía. 


La media maratón es una distancia siempre amable, lo noto al bajar normal -y no tortuosamente- por las escaleras del subte hacia el Midtown. 
Orgullosos andamos durante todo el día con la medalla colgada del cuello por la ciudad felicitándonos entre desconocidos por la fantástica carrera. Tema de género, terminaron esta media maratón 19455 personas, 9305 hombres y 10150 mujeres
Sigo sin respuesta con mis preguntas de color y sorprendido gratamente con este último dato de género. 
El ser corredor es algo que nos unifica, nos identifica en los más diversos lugares del mundo. En Japón, Estambul, Berlín, Los Ángeles, Buenos Aires o donde sea somos similares, vibramos con la misma intensidad. 

Gracias Nueva York, ahora sí voy a ir -sin culpas- a comer un neoyorkino, exagerado, sándwich de pastrami.
  

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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