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Maratón de Córdoba 2015 por Fernando Vilardebo



By  Pablo Di Corrado     10:00    Etiquetas:,,, 


Last train to London,
Bajo una deliciosa lluvia el miércoles 30 de abril terminé haciendo pasadas en escalera (600-400-200-100m, dos veces), mientras corría pensaba –con ese extraño estímulo que produce el correr sobre la sinapsis que deriva en extraños pensamientos- que era mi último entrenamiento para Córdoba, my last train to Córdoba. En 1978, mientras con el fútbol acallábamos insoportables situaciones, en Inglaterra un maratonista terminaba su preparación para la famosa maratón de Londres, fue cuando la Electric Light Orchesta (ELO) compuso aquella famosa canción.


Ahora, cada vez que se pongan a bailar desenfrenados -a sacudir el esqueleto- al ritmo de esta música vintage, recuerden que hablan del final de la preparación para la maratón de Londres, como bien saben el mundo gira alrededor de las maratones. O no, no se...

Esta vez no
No llegué a hacer un correcto entrenamiento para esta maratón, la de Córdoba no la de London. Tras las tres lesiones sucesivas del fin de año pasado y las vacaciones de marzo no pude hacer los fondos prolijos, incrementales y sucesivos. Hice muchos fondos, eso sí, pero ninguno superior a 27km. La pierna derecha, la de palo, se expresaba claramente y amenazaba con dejarme estaqueado pasando la mitad de la carrera. Mi entrenador sugirió la conveniencia de dejar pasar esta oportunidad para la siguiente pero conociéndome me dejó en libertad de acción alentando mis reiterados, evidentes deseos inconfesados: correrla.

El pronóstico meteorológico, como siempre, amenaza más que pronostica.


Algo está claro, para el domingo bajará la temperatura 10 grados tras las lluvias del sábado, preparemos la ropa de correr con frío.

Día del trabajador, trabajo
Me quedo en Buenos Aires trabajando el viernes feriado –hubiera sido ideal para viajar tranquilo, llegar antes, pasear algo y dejar el sábado para descansar. Pero salimos el sábado bien temprano hacia Córdoba, tardamos un poco más en hacer los 700 km que lo que tardaré en cubrir los 42km corriendo. Insisto con extrañas sinapsis mientras avanzamos por una autopista vacía.
A las dos de la tarde estábamos en la expo, retirando los dorsales que por alguna extraña razón se llaman dorsales y se prenden en el frente.
Me toca el número 1001, bello número si lo hay.
A Cristina le toca el 3783 para sus 10km.
Hotel, tres horas de siesta, y estamos listos para la cena.
El Veco y la Negra, dos históricos amigos cordobeses nos esperan para la cena. Fideos con aceite de oliva y nada de vino, avisé. Sushi con vino rosado, fue el menú. Una cena divertida con queridos amigos, sea cual fuere el menú, es la mejor previa para cualquier maratón que puede haber en la vida.

42kCordoba
 
Listo, todo listo. Pongo el despertador a las 5 para salir a desayunar en el bar, El Panther, junto al hotel. Es de noche, estamos a 200 metros de la largada y frente a la Cañada, famosa referencia cordobesa. A las 5 y 10 es plena noche, la calle está llena, repleta de gente, trasnochados de ojos vidriosos y chicas de melenas leoninas y minishorts (¡vaya antigüedad!) haciendo cola en una recién abierta panadería que inundaba con su aroma haciendo referencias al paraíso. Otra cola, no menos larga, en un puesto de panchos, y una algo menor para La verdad de la Milanesa. 
Tomo un café con leche en El Panther mientras cuatro jovencitos planeando hacia dormir,  en la mesa de al lado, piden “un plato de papas fritas, nada más”.

Salida, 7:30
Todavía de noche, nos encontramos los madrugadores corredores con los tardíos trasnocheros, nos miramos asombrados ambos grupos.
Llego a la largada con el tiempo justo.
Había en los corrales de largada unos carteles indicando la velocidad sugerida, una cinta en el piso limitaba el corral. La gente –extrañamente- no pasaba de esa línea, ese límite virtual, y se quedaba esperando.
No éramos muchos, a ojo de madrugada calculé que no éramos más de mil, pese a tener el dorsal 1001. Lindo número.
Salimos 11 minutos tarde.
Salimos y la ciudad de Córdoba amanece, vacía.
Los perros callejeros nos acompañan.

Correr por sensaciones
Recorrido céntrico tras lo cual tomamos la costanera que bordea al Río Suquía.
Había pensado mucho, como siempre, a qué velocidad salir.
Tambien había pensado que lo mejor era no pensar sino sentir, correr por sensaciones, correr de acuerdo a como me sintiera.
Y me sentía fantástico. Feliz.
Extrañamente notaba que estaba corriendo a menos de 5:30 el km
Los kilómetros se sucedían y me seguía sintiendo bien, cada vez mejor.
Avancemos.

Dejamos la Costanera del Suquía y entramos en un lindo barrio previo a la llegada del Chateau Carreras (otra referencia al Mundial 78), rebautizado Estadio Mario Alberto Kempes, donde tras una vuelta externa ingresamos al estadio, corremos por su pista de atletismo frente a las tribunas vacías y el alma siente la aclamación del público y por un instante –con justa razón- nos sentimos atletas olímpicos.
Paso la media maratón en un tiempo para soñar.

Sigo adelante, ya no a menos de 5:30 el km, el deterioro se va notando aunque se que los próximos km son con desnivel negativo, una pequeña ventaja. Entramos al Parque del Kempes, y volvemos a la Costanera del Suquía por la vereda de enfrente. Cuesta mantener el ritmo. Los corredores locales empiezan a recibir a sus amigos que les hacen de compañía en los últimos 21, últimos 15 o últimos 10km. Llegan con su buen humor, sus caramelos, sus geles, pero sobre todo con sus charlas. Tambien llegan los aromas de las leñas que comienzan a prenderse en las parrillas anticipando el asado dominguero. Igual nos falta mucho, tanto para el asado así como para la llegada.
En las esquinas pequeños grupos de amigos, parientes, ofrecen vituallas. No faltó el cordobés que pidió un beso para darle aire para seguir. No era una mala idea…

Cuesta del Diablo
Llegando casi al km 30 no veía el muro, pero sí temía la famosa y anunciada Cuesta del Diablo, un desnivel de casi 60 metros que se desarrollaba durante casi un kilómetro. Venía bien, deteriorándome razonablemente, y temía a la famosa Cuesta como al Diablo mismo.
Tengo en mente todo el tiempo la altimetría.






Recibía mucho aliento de la gente, de los grupos de cordobeses. Vamos viejo, vamos!
A veces el reloj me sorprende con algún kilómetro con un gran deterioro, y con esfuerzo bajo el tiempo en el siguiente para caer irremediablemente en un tiempo parecido al que me había sorprendido dos kilómetros atrás. Nunca es triste la verdad.

Ventajas del corredor solitario.
Deambulando entre los grupos me distraigo con las historias personales que escucho, que en estas condiciones son verdaderas confesiones dignas de un secreto de confesión sacramental. Lo que se cuenta en los fondos queda en los fondos dice la ley primera de la sociabilidad maratónica.

Dejar la Costanera para entrar al Parque Sarmiento, subir 60 metros de desnivel en tres tramos que pude correr lastimosamente con el aliento de la gente. Por alguna extraña razón, similar, me acordé de la entrada en Manhattan, en la maratón de Nueva York, por la Primera (avenida), en el km 30 donde la gente te alienta frenéticamente. Acá era menos gente pero el aliento era tan importante como aquel.

El Parque Sarmiento es un paraíso citadino, diseñado por el famoso paisajista francés Charles J. Thays, contratado por el gobierno cordobés (el gobierno conservador, recalcan los cordobeses) a principios del siglo XX para gestar un bello parque, su tarea fue tan digna, monumental, bella y seria que pronto el Gobierno Nacional quiso, también, contratarlo. El francés no aceptó el contrato directo como Director de Parques y Jardines sino que exigió un concurso internacional de antecedentes para legitimar su designación. Así fue que el Gobierno Nacional contó con Thays para el Jardín Botánico de Buenos Aires, en cuya casona tuvo su vivienda. Gran parte de nuestros parques y jardines se los debemos a su gestión, así como a sus sucesores tanto familiares (la familia Thays firmemente arraigada a nuestro país ya lleva cinco generaciones muchas de ellas de paisajistas) como su discípulo Benito Carrasco.




Correr fuera de tu ciudad, por paisajes desconocidos tiene el atractivo de –precisamente- lo desconocido. Todo esto es cierto, atractivo, durante los primeros 30 km, luego el objetivo es llegar, y las maravillas externas desaparecen para centrarse en una concentración en los pasos, en el esfuerzo, y en llegar. Así encaré los últimos 7 km, que prontamente los asimilé a las distancias conocidas (reserva ecológica, vuelta al Rosedal saliendo desde casa, etc). Todo tipo de trampa mental se desvanecía cada tanto volviendo a la triste realidad de mi paso, de mi lento deterioro. No obstante lo cual no dejaba de pasar gente. Mal de muchos -lo sé- consuelo de tontos, y de tantos.
Sigo corriendo con algo de pena por mí mismo, falta muy poco.

Power Piropo Cordobés
En el km 37, tan solo faltan cinco kilómetros, solo cinco.
Paso frente el cartel del km 37 (que venía tocándolos como cábala energizante desde hacía 3 carteles) reptando a mi velocidad babosa, y la banderillera –en una muestra maravillosa del famoso humor cordobés- me dice, “Vamos 1001, qué buen look que tenés”. Así, sorprendido y efectivamente energizado, salgo disparado hacia la meta. Paso raudo a unos jubilados que estaban tomando mate con bizcochos, incluso a algunos caminantes y tras el lento transcurrir del minutero (que había adoptado la velocidad de la aguja horaria) con el look renovado (quise creer) avanzo ganador hacia la llegada donde la gente agrupada en los sectores con sol (algo aburridas, convengamos) nos alientan como si fuéramos lo que somos, maratonistas.


About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

2 comentarios:

  1. Buen relato amigo !!! pero como que le falto un cierre, me quedo esperando la segunda parte del comentario =)

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  2. Excelente relato...! Me alegro mucho que hayas disfrutado de mi hermosa ciudad y del Parque Sarmiento, por donde corro a diario...
    Párrafo aparte para la banderillera del km 37. A mi me clavó: " Vaaaamoooos 1043...!!! Te estaba esperando...!!! Metele que ya falta nada...!!! " Una genia...

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