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Maratón de Frankfurt por Hernán: Este es tu día



By  Pablo Di Corrado     7:32    Etiquetas:,, 
HAY QUE PENSAR BIEN LO QUE SE DESEA, PORQUE SE CUMPLE (Y HAY QUE PONERLO TODO PARA QUE ASÍ SEA…).

Maratón de Frankfurt


En la época en que Josep me presentó a Deguitu y coincidíamos entrenando en la Ciutadella, ella corrió la Marató de Barcelona en 2h48’. Recuerdo que no tuvo que empujarme mucho para que se me metiera ese crono en la cabeza.
Yo estaba metido en plena preparación para Trailwalker y el objetivo quedaba suficientemente lejos como para no parecerme enorme. Sabemos que la distancia cambia la perspectiva de las cosas, y eso, a veces, ayuda. Encima, los kilómetros y kilómetros que íbamos sumando en esa preparación me hacían pasar de la fuerza al envalentonamiento con una facilidad que rozaba lo temerario.
Así quedó fijado el objetivo.
La boquita hizo el resto. Empecé a comentarlo con mis compañeros de equipo, y, de tanto repetirlo, se hizo verdad.
Así sellé el compromiso.
Cuando Josep me propuso ir a correr a Frankfurt Marathon me encantó la idea. Estar con él siempre es un gusto, aprendo y me siento motivado. Luego, cuando supe que el grupo sería Ke Lly, Barb Fc, Judith, Josep y Víctor, tuve claro que esta era la ocasión, y que el éxito estaba asegurado porque, pasase lo pasase en la carrera, en lo humano ya había ganado.
Y así marqué la fecha en el calendario: 25 de Octubre de 2015.


A medida que iba pasando el tiempo y cambiaba la perspectiva, no voy a ocultar que tuve muchos momentos “¿dónde me he metido?”, pero como desde el principio he sentido el total apoyo de mis compañeros de equipo, no quedaron demasiados espacios donde cupiera la duda. El resultado no lo sabría hasta cruzar la meta, pero el trabajo para conseguirlo iba a hacerlo. Ya vería cómo, pero iba a hacerlo.
Tras una recuperación lenta, después de una dura (pero imborrable) prueba como fueron los 100k de la Trailwalker, prácticamente dos meses donde no encontraba la fuerza, ni física ni mental, y en que incluso me vi forzado a abandonar en alguna carrera, tuve un punto de inflexión y me paré para decirme a mi mismo que, o cambiaba algunas cosas o no llegaría. Quedaba tiempo suficiente, pero tenía que sacarme de encima las malas sensaciones que arrastraba. Así que decidí dejar la anarquía que hasta entonces guiaba mis entrenos y pasar a tener algún tipo de plan.
Me adapté a la preparación que llevaba Josep, o, más bien, adapté su preparación a mis ritmos. Diría que fuimos sinérgicos incluso con las lesiones. Y fue excelente, con su motivación y sus ánimos, no tardó en volver la fuerza.
Luego en la Ciutadella, la cocina donde se elaboran los mejores platos, empecé a coincidir con Juanma Alvarez Ramos, y no tardamos en acordar un plan de 8 semanas de preparación con 6 días de entreno por semana. Si bien mareaba un poco sólo de leerlo, día a día, entreno a entreno, iba sintiendo que me acercaba. Los entrenos los iba cumpliendo a rajatabla y las cursas salían cada vez mejor, hasta llegar a correr los 10k de Correbarri en 35’45”, MMP. Estaba en el buen camino.
El test de Gavela me puso en un lugar de poder desde el que afrontar la maratón con confianza. 2h46’ como marca posible y 2h48’ como marca probable. ¿Sería así?
Es entonces cuando uno tiende a mirar hacia el más positivo de los resultados, pero me daba cierto vértigo.
Intenté aislarme de los nervios y no quedarme revolcándome en sus síntomas. Molestias varias, malestares, mocos en la garganta,… No, Hernán, no! Déjalos que se vayan, no los necesitas para nada ahora!
Víctor Díaz me planificó la alimentación para que los depósitos llegaran llenos.
Reuniones para montar la logística, mapas, isotónicas, geles. Metros, autobuses, tranvías. Que no nos falte de nada.
Saber que iba a correr los primeros 21k junto a Josep me tranquilizaba. Sabía que él buscaba marca y que nuestros ritmos coincidían entonces.
El sábado pisamos por primera vez el Festhalle, el pabellón donde está situado el arco de llegada de la maratón. Impresionante, majestuoso. Me quedé un rato sin palabras, mirando la cúpula, la iluminación e intentando visualizar mi llegada. Nervios, sí. Muchos nervios.



Abusamos del paseo por la feria y por la Pasta Party y llegamos al hotel cansados. No es lo más indicado el día previo a una maratón. Pero dormí bien.
Amanecimos y luego desayunamos todos en la misma habitación. Judith, Barb y KeLly aparecieron con pelucas, megáfono y accesorios al más puro estilo Cheerleader. Una maravilla, un auténtico lujo, un grupo de animación enorme, el más grande de todos!
Repartimos las botellas con los líquidos que debían darnos en los puntos kilométricos que habíamos decidido: el 7, el 14, el 21, el 28 y el 36. Aquí quiero agradecer la tremenda generosidad de Víctor, que priorizó desde el primer momento mi objetivo poniéndolo incluso por delante de sus necesidades. (Amic, aquests gests no tenen dimensió).
No era sencillo, éramos 3 corredores, a diferentes ritmos, así que iban a tener que currárselo mucho y, además, deberíamos tener suerte con los transportes. Ya sabemos cómo afecta una maratón a la movilidad de una ciudad, y ésta no la conocíamos.
Y ahí estábamos, dejando nuestras cosas en el guardarropas y trotando por el hall del pabellón, a escasos minutos de que se diera la salida. Más nervios, sí. Muchos más nervios.
El día era perfecto. 8 grados, nublado, sin viento. Situados en el primer cajón, nos abrazamos los tres, Víctor, Josep y yo, deseándonos suerte y cabeza.
Salida multitudinaria, donde había que estar muy atento con los codos ajenos y defender muy bien tu lugar. En seguida estaba junto a Josep recorriendo los primeros metros a un ritmo algo fuerte, ya que salimos con corredores muy rápidos. Tardamos unos dos kilómetros en encontrar nuestro ritmo y recién ahí pude preguntarme cómo me encontraba. Bien, estaba muy bien. Seguimos así, un poco por debajo de ritmo previsto, y alucinando con la cantidad de recortadores. Había curvas donde éramos los únicos que seguíamos la cuerda. Así, literalmente. Nunca he visto nada igual. Incluso diría que, en algún momento, gente del público aplaudía al ver nuestras quejas. Pero esto último también puede que me lo pareciera sólo a mi.
Pasamos los primeros 5k en 19’51”, aún por debajo de lo previsto. Yo me estaba sintiendo fuerte y me costaba frenarme, pero hay que hacerlo. Las bofetadas en una maratón son tremendas y corres el riesgo de no recuperarte del aturdimiento. Suerte que iba con alguien que tiene mucha cabeza.
Llegamos al 7 y ahí estaban las Fisiogirls, guapas, radiantes, sonrientes. Cogí mi botella y continué. Esas iban a ser mis “mini-metas”, mi objetivo fragmentado. Cada vez que las viera, sabía que me quedaban sólo 7 kilómetros hasta volver a verlas.
En el 8, empiezo a buscar a Josep con la mirada. Se había retrasado un poco y yo no quería seguir girándome ni bajar mi ritmo. Me agobiaba, así que decidí que desde ahí iría solo y pasar el kilómetro 10 en 39’51 (20’00” como parcial). El 14 estaba cerca y allí tendría el apoyo de Judith, Barb y KeLly.
Tras un “pis-stop”, vuelvo a encontrarme durante unos metros con Josep, que va fuerte hacia su objetivo de conseguir marca en media maratón. Pero vuelvo a separarme un poco. Sigo con fuerza y con el coco intacto. Es momento de empezar a arriesgar y decido que ya no voy a bajar el ritmo, que voy a llegar a la meta corriendo así y paso por el 15 en 59’34” (parcial de 19’43”), por el 20 en 1h19’50” (20’16”) y, tras asistir a un sprint im-pre-sio-nan-te de Josep, cruzo la alfombrilla de la media en 1h24’06”
Aquí es donde el factor suerte (que ya teníamos en cuanta) me juega una mala pasada y no encuentro al grupo de apoyo. Da igual, tira, tira que estás bien. Llevaba algún gel conmigo y podía usar los avituallamientos oficiales.




Llegué al 25 en 1h39’42” (19’52”) y empecé a sentirme solo. Hacía rato que habíamos dejado atrás el núcleo urbano y entrado en una zona de urbanizaciones. Muchos tramos de carretera entre arboledas, así que aproveché para un segundo “pis-stop” (prometo que fue el último). Empecé a necesitar la cabeza y fui buscando grupos en los que esconderme un rato. Pero no sé hacerlo, así que yo seguía avanzando, saltando de grupo en grupo, porque no encontraba a nadie con mi ritmo, y correr a ritmo de otro me desconcentraba. Cabeza Hernán, cabeza!
Segundo chasco en el 28. Las chicas no están, no habrán podido combinar bien el transporte. Ya no me da tan igual como en el punto anterior, porque tenía en mente estos dos puntos como claves.
Llego al 30 en 1h19’56 (19’34”), y me agarro de los datos del reloj, que me dicen que sigo bien, a pesar de que mis sensaciones ya llevan un rato diciéndome lo contrario. Comienzo a mirarme insistentemente el antebrazo izquierdo, donde me escribí un “corre, corre mucho” que me animó Rafa Pérez el día antes y un “‪#‎VaPorTi‬” (Dídac) que siempre llevo en mente. Y así iba gestionando lo que me estaba pasando en esos momentos. Unos metros, antebrazo; unos metros, antebrazo… Llego a ver a Josep en el 31 y no alcanzo siquiera a contestarle. Sigo mirando fijamente el asfalto, voy sufriendo. Me digo que, si llego a meta bajando de 2h56 ya estará bien.
Veo la alfombrilla del 35 y la puedo pasar en 2h19’24” (20’08”) El “queda poco” se convierte en “queda mucho”, y entro en el tramo que se me hizo más largo. Parecía interminable. Habíamos vuelto al núcleo urbano, pero me costaba enterarme de los aplausos y ánimos del público. Sólo asfalto y adoquines; cansancio y dolor. Vuelvo a hacerme terapia con los datos del reloj. Aunque algo más lento, los parciales siguen siendo buenos. La pregunta entonces es si aguantaría o no. 6, 5, 4 kilómetros me parecían una barbaridad y toco fondo en el 40, en un parcial de 20’11” que hace que pase en 2h39’35”. Ahora no puedes dejarlo, tío, NO PUEDES DEJARLO! Tantos meses de trabajo, de ilusiones; tantas muestras de cariño y tanto apoyo. Ruben Jimenez pidiéndome que recordara Barcelona…Todo eso tiene sentido ahora. Es eso lo que te hace sacar fuerzas donde pareciera que ya no las hay. Eso y la providencia. Y la providencia es que en ese instante estuviera Josep entre el público y saltara para tirar de mi. Lo primero que me dijo es: “Ya ho tens, això és per a tota la vida!”. Me hizo correr a un ritmo de 3’35”, que sería mi ritmo en una 10k, y lo estaba haciendo en el 41! Y os prometo que estuve a punto de decirle que frenara, que me frenara, que no aguantaba. Pero otra vez me dice algo: “500 metres, Hernán, 500 metres!” y ahí me arrancó todo lo que me quedaba; y me arrancó innumerables llantos y gemidos de dolor. Había negociado durante la carrera con algunos dolores, y levantado de la mesa sin aceptar ninguna de sus condiciones. Pero este dolor era distinto, no estaba en ninguna parte del cuerpo: me dolía la emoción. La emoción de estar consiguiéndolo; la emoción de estar sintiendo que con esfuerzo, o con mucho esfuerzo, se logran cosas que parecieron en algún momento inalcanzables; que con el apoyo y el amor de los que te rodean, se superan situaciones que uno creía insuperables. Adelantamos corredores que se sorprenden de mis gemidos y del ritmo; chocamos manos con el público y, tras una curva, con toda esta metáfora rondando mi cabeza, entro en un soberbio Festhale, entre luces, aplausos, ánimos, speaker,… Y con toda la emoción e incluso con el dolor de la emoción, cruzo la meta en 2h48’07.
Luego llegas al hotel, conectas el wi-fi, y te das cuenta del cariñoso seguimiento de la carrera que han hecho tus compañeros en la distancia, pero tan cerca.
Cuidado con lo que deseas. Puede que tengas que esforzarte muchísimo para que, entonces, suceda.




Gracias Josep, Víctor, Barb, KeLly, Judith por estar ahí. Enormes enhorabuenas, Josep, per la teva MMP en mitja marató, tant currada, i Víctor, per saber llegir sempre tant perfectament l'estat de les coses. Sou admirables.
Y gracias a todos los que, de una u otra forma, habéis seguido este reto.
Y gracias, claro, por leeros el tostón

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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