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Carlos Andrada. Maratón 2: Harrisburg



By  Pablo Di Corrado     8:24    Etiquetas:,,, 


Desde la Penn Station y en un tren de la empresa Amtrax llegaría en poco más de 3 horas de viaje hasta Harrisburg, la capital del estado de Pennsylvania. Luego de la maratón de New York mi semana en la Big Apple había transcurrido feliz, con el corazón contento y el cuerpo intacto, casi como si no hubiera corrido nada. El poco cansancio se manifestaba por mis tours diarios yendo de un lado al otro (en todo mi mes de vacaciones las caminatas promediaron entre 15 y 25 kms. por día, todos los días); alguien sostiene que la diferencia entre un turista y un viajero es que el turista viaja en taxi mientras que el viajero prefiere caminar o a lo sumo utilizar el transporte público y yo sin dudas de turista no tengo nada, si uno quiere de verdad conocer en esencia una ciudad debe caminarla. 

Tengo la fortuna de tener uno de los mejores entrenadores del país y este me había aconsejado entre carreras algún trote liviano 3 o 4 días posteriores a cada una de ellas así que a todo lo que había caminado le sumé un regenerativo por el hermosísimo Central Park, aprovechando que los días soleados del otoño hacían la experiencia mucho más agradable en medio del abanico de colores que su vegetación destilaba. 

No tenía conocimiento alguno sobre la maratón de Harrisburg pero lo que sí presumía es que sin dudas no podría siquiera compararse con el show neoyorquino, mas al menos intuía que lo positivo sería que no debería soportar tantos puentes y subidas y bajadas como el domingo anterior...¡Gran error! 

La noche anterior a la carrera y ya acostado desde temprano, comienza a sonar la alarma de incendios del hotel y con el susto encima bajo junto a decenas de huéspedes los nueve pisos por escaleras lo más rápido que puedo. Al llegar al lobby nos tranquilizan informándonos que fue una falsa alarma, y mientras los demás relajan sus rostros yo sólo pienso que si algo no necesitaba unas horas antes de correr una segunda maratón en una semana era esa cuota de adrenalina, durmiendo mal y subiendo y bajando nueve pisos por escaleras. La prueba comenzó puntual a las 8:00 a.m. desde City Island, una isla que se encuentra sobre el Susquehanna River, y tal como en New York lo primero que hacemos es cruzar un puente que en este caso nos saca de la isla y nos lleva por South Front street, hasta el segundo puente (¡Sí! ¡Dos millas y ya dos puentes!), el Harvey Taylor Bridge, que nos conduce hasta la parte continental de la ciudad. Foster street pasando junto al State Museum of Pennsylvania y una curva que nos deposita en la calle 7 resulta ser una larga y empinada trepada y ya en media hora de carrera hay algo que tengo muy claro: estoy ante una carrera igual o más dura que la de New York, y allí recuerdo un cartel que leí en la entrega de kits "Harrisburg Marathon, llamada la mini Boston". Al final de la calle Walnut se termina el asfalto y tras hacer algún km. junto al río subimos y bajamos varias veces en un terreno arenoso y en medio de un mini bosque. En ese tramo de la carrera parecía más una prueba de trail que una maratón de calle y eso me divierte mucho. Volvemos por una ruta y el regreso hacia City Island se hace ahora por otro puente para pasar cerca de la largada y tras algún giro salimos de la isla por un puente muy particular: el piso es todo un enrejado de acero, con lo cual uno puede ver el ancho río muchos metros por debajo de sus pies. ¡No apto para vertiginosos! Ya en la parte continental corremos por North Front street alejándonos del centro por barrios muy elegantes y tras girar en U, cerca de la milla 19, volvemos sobre nuestros pasos en dirección a la línea de meta. Por momentos se sube, por momentos se baja, y el primer llamado de atención de mi periplo ( km. 70 del total) lo experimento con un dolor en el sóleo derecho, el mismo lugar donde me había desgarrado un par de años antes, previo a correr la maratón de Berlín. El resto todo bien: la rodilla lesionada no duele, no estoy cansado, me sobra aire para llegar tranquilo y respetando a rajatabla el tiempo final buscado, sin acelerar. Bajamos a la costanera ya con un sol importante que eleva demasiado la temperatura, subimos de la costanera, últimos metros y el arco de llegada sobre la 2 Av. El reloj me marca 04:04, un minuto menos que 7 días antes en New York y eso significa que he llegado a la mitad del camino actuando en forma cerebral y sin salirme del libreto; para correr rápido ya habrá otras maratones, acá he venido para otra cosa. El sóleo es una incógnita y en 7 días la maratón de Brooklyn sería una verdadera prueba de fuego.

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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