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Carlos Andrada. Maratón 3: Brooklyn



By  Pablo Di Corrado     7:22    Etiquetas:,,, 
Cualquier persona que se siente a escribir un relato sobre la peor carrera de su vida experimentará al menos dos sensaciones orales: el gusto amargo y el masticar bronca; sin embargo y teniendo en cuenta que la maratón de Brooklyn para mí no fue una suma de circunstancias sino que la carrera toda en sí fue una única anécdota convertida en el penúltimo peldaño de mi logro, ahora puedo contarlo con un esbozo de sonrisa en la comisura de mis labios. 

Se disputa en su totalidad dentro del bellísimo Prospect Park, un gigantesco espacio verde urbano ubicado en Brooklyn y diseñado por los mismos arquitectos (Olmsted y Vaux) que habían hecho lo propio con el Central Park. En ese momento de mis vacaciones yo me hospedaba en Williamsburg pero para llegar hasta el parque me tuve que tomar el Metro hacia Manhattan y desde allí combinar para volverme al propio Brooklyn donde vivía circunstancialmente, pero esta curiosidad no sería nada en comparación con lo que estaba por venir. 

Existen dos distancias: una corta de no más de 5 kms. sólo participativa y los 42 kms de la maratón, con la particularidad de que largamos todos juntos y al mismo tiempo. Primero se dan 2 vueltas a un lago pequeño (allí terminan los pocos inscriptos para la distancia corta) mientras que el resto debe continuar y hacer 7 vueltas más pero a un circuito bastante más grande, vistoso y duro. Yo había decidido retirar mi kit el mismo día de la carrera y al hacerlo una simpática muchacha me entrega un manojo con 9 gomitas (¡Sí, como las que se usan para los fajos de billetes!) y en forma muy práctica y ante mi incredulidad me dice "One lap ¡out! Two laps ¡out!" señalándose su muñeca y haciendo la mímica de un corredor que ante cada giro se quita una de esas gomitas para marcar la vuelta completada. Le agradecí y me fui riendo por lo bajo preguntándome si alguien en realidad las usaría, pero como me pareció una nota de color me las coloqué en mi muñeca derecha y me alisté en la línea de largada mirando de reojo como todos los demás corredores también tenían puestas las suyas. 

En los días previos a la carrera seguí con mis infinitas caminatas tan típicas de mis vacaciones (algunos prefieren estar todos los días tirados tomando sol y no hacer nada más que eso...¡yo no! Prefiero conocer, investigar, curiosear, ir y venir una y mil veces); lo que no hice fue el trote regenerativo puesto que el dolor del sóleo en el final de la maratón de Harrisburg no había cesado y prefería llegar a la carrera lo menos dolorido posible, así que esta era mi única incógnita segundos antes de comenzar mi tercer maratón en dos semanas. Tras entonarse el himno de los EE.UU. (se lo hace indefectiblemente antes del comienzo de cualquier evento deportivo, así que con tantas maratones corridas creo que un poco ya me lo he aprendido de memoria) se dió el orden de largada: "Three, two, one...¡Go, runners, go!". Sobre el segundo "go" mi dedo índice pulsó el botón de start del cronómetro, pero como si a un televisor de pronto se lo desenchufara mi reloj quedó con su pantalla totalmente negra. Los primeros 500 metros intenté reiniciarlo una y otra vez recordando perfectamente como la carga de la noche anterior me había marcado un 100%, pero todo fue en vano, debía correr una maratón sin reloj. El primer foco de alarma estaba encendido, ya que no sabría a qué ritmo iría corriendo, pero a medida que avanzaron las vueltas llegué casi al espanto al vislumbrar que no estaban marcadas ni las millas ni los kms durante el circuito, con lo que no sólo no sabría ni cuánto tiempo de carrera llevaría ni a qué ritmo lo hacía sino que además no tendría información de cuanto (mucho o poco) me faltaba para terminar la prueba ¡Y aquí sí pasaron a jugar un papel fundamental las 9 gomitas que llevaba en mi muñeca! En un principio fue fácil con las dos vueltas cortas, pero cuando se sucedieron las vueltas largas y en medio de todas las preocupaciones que cargaba comenzaron las dudas ¿Debo arrojarlas a la altura de la calle de salida o en la de entrada? Acabo de dar una vuelta...¿ya arrojé la gomita correspondiente y si tiro otra me estaré descontando una vuelta de más con lo cual me pueden descalificar por hacer un giro menos? ¿Y si no la tiro y termino dando una vuelta de más? ¿Cuando las haya tirado todas debo completar una vuelta más o en ese momento debo entrar a la calle de llegada de la prueba? Estas preguntas que suenan algo tontas, cuando estás corriendo una maratón y en donde las cosas no te están saliendo nada bien, pueden sobresaltar a cualquier corredor y hacerle las cosas mucho más difíciles. Y a propósito de dificultades y otras yerbas: ¡Yo no tomo geles! Mi alimentación de "corredor de montaña" me hace ingerir alimentos sólidos y cuando tengo que correr carreras de calle de más de 21 kms de extensión lo que hago es comer las frutas que me dan en los puestos que dispone la organización del evento... ¡Pues en esta maratón sólo hay hidratación! ¡Gatorade y agua, eso fue todo lo que consumí en aquellos 42 kms! O casi todo: cuando iban 3 horas desde el inicio de la competencia veo en el suelo una caramelo Gu que se le habría caído a otro corredor y sin dudarlo y por más poco higiénico que sea lo comí y fue el más rico que haya probado en toda mi vida (gusto de cereza para ser más exactos). ¿Y cómo supe que iban 3 horas de carrera? Porque mi reloj en algún momento y como Lázaro se levantó y anduvo, pero sólo como reloj y no el GPS, pero al menos me dejaba calcular cuánto tiempo hacía que estaba corriendo, que en condiciones óptimas y al conocer cada corredor su ritmo le permite aventurar un kilometraje aproximado, pero si llevás encima una contractura muy fuerte del cuádriceps izquierdo, el bendito sóleo se te puso como una piedra y la rodilla lesionada vuelve a decir presente, entonces ya no habrá cálculos posibles. 

Dejé para el final lo peor de esta carrera: ¡No hay llano ni nada recto! Se gira permanentemente (la mayoría de las veces en sentido anti horario) y se sube y se baja durante los 42 kms, a veces con desniveles apenas perceptibles y otras con empinadas lomadas que casi no diferencian a los que corren de los que las suben caminando. Seguramente muchos en mi lugar hubieran abandonado, pero no es mi estilo y la iba a terminar cualquiera fuera el costo a pagar. Cuando el reloj me marcó las 12:30 p.m. (o sea 4 hs de carrera) yo me arrastraba de dolor y arrojaba al aire la penúltima gomita que llevaba en la muñeca. ¿Entonces? ¿Debía dar toda esa vuelta y terminarla o me quedaría por dar otra vuelta más? Casi al finalizar ese giro y al visualizar a una chica de la organización que registraba el paso de cada corredor con una cinta en el suelo que tomaba el tiempo del chip, le explico rápidamente mi situación y tras consultar la pantalla de su PC me dice "esta es tu última vuelta, arrojás la última gomita y entrás por el callejón para terminarla". Le agradecí en inglés, en castellano y en varios idiomas más, y crucé el arco con esa música para mis oídos que fue el escuchar al presentador que por el micrófono y cual locutor en los grandes combates de boxeo en Las Vegas recitó (escrita la pronunciación literalmente): "And nauuuu, from Aryenchinaaaaaa, Carloooouuus Annnnndreadaaaaaa, congratuleiyons Carlous ". 

Tenía mi tercer medalla y mi tercer sonrisa, pero pensé que todo se había acabado; estaba muy dolorido y lesionado como para intentar correr otra maratón en 7 días...Filadelfia se veía muy lejos... 

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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