Carlos Andrada. Maratón 4: Philadelphia

Llegando ya al final de mi mes de vacaciones en la espléndida e inabarcable New York, con un acumulado de caminatas diarias que rondaba los 400 kms., habiendo corrido 3 maratones en las últimas 2 semanas, lesionado, dolorido y muy cansado, estaba más para tomarme unas vacaciones de mis vacaciones que para correr otra maratón. 



El viaje, el hospedaje y la inscripción en Filadelfia ya estaban pagos así que allá fui, hacia la gran "Philly" (como se la conoce coloquialmente) para ver si podría concluir con mi objetivo de correr 4 maratones en 4 domingos consecutivos. al llegar y tras retirar mi kit de corredor en el Convention Center, me fui con todas mis expectativas a conocer las Rocky Steps, las escalinatas del Museo del Arte donde Sylvester Stallone culmina su entrenamiento en un fragmento de la película Rocky, y no solo contemplé como cada persona que llega al lugar las escala corriendo y en la cima imita los gestos de aquel inolvidable personaje sino también el monumento que en honor al gran Balboa se levanta a pocos metros de allí. Es que en la avenida que llega a este lugar, la Benjamin Franklin, es donde se larga y concluye la prueba y a donde el domingo 22 de noviembre llegaría exactamente 1 hora antes del comienzo para transitar por mis últimos 42 kms. 

Los días previos a la carrera el mundo se había convulsionado por los atentados en París, de manera tal que la maratón fue considerada de alto riesgo y las medidas extremas de seguridad entorpecían el normal desarrollo de los momentos anteriores a la largada. Agentes del FBI y helicópteros que sobrevolaban los oscuros cielos de aquella madrugada daban marco a lo que sería una estricta revisación, persona por persona y por un único lugar, para ingresar a la zona de partida. Una hora exacta haciendo la fila hasta que por fin llegué al cacheo...¡en el preciso instante en que comenzaba la prueba! Por suerte se largaba por tandas y mi partida sería casi media hora después que los atletas de elite (en EE.UU. se toma, muy acertadamente, el tiempo neto, con lo cual, sumado a la partida por oleadas, hace que no haya que pugnar por un lugar "lo más adelante posible"). 

La maratón de Filadelfia comienza engañándote, puesto que las 2 primeras millas son planas y en un franco descanso, e inclusive las 2 millas siguientes siguen por el casco histórico y el centro sin desniveles...¡pues es el único tramo de la carrera donde uno no va a subir y bajar, el único! Tras cruzar algunos puentes, la trepada brutal de la milla 7 te posiciona en University City y de allí al famoso Zoo donde Rocky, junto a la jaula de los tigres, le dijera a su prometida "¡Me estaba preguntando si te importaría mucho casarte conmigo!" Una rápida bajada al Memorial Hall dejando atrás la subida en caracol, y una nueva trepada, más dura aun que la anterior, para llegar al pico más alto de la carrera en la milla 10; los cruces de puentes y el subir y bajar se suceden repetidamente pero hasta la mitad de la prueba corro sin dolor alguno olvidando por completo lo ocurrido 7 días atrás, y como ya no debo guardarme para una siguiente maratón corro más relajado. Todo hasta que en el km. 30 se encienden todas las alarmas: voy muy bien de aire, mi cabeza iba feliz...pero mis piernas comienzan a pasar factura, ya voy casi por la milla 100 del total de mi periplo y siento que no hay músculo que no duela y que esté a punto de desgarrarse. Kely Drive, Falls Bridge, Ridge Avenue, Main Street...todo ahora pasa más lentamente y el final se hace desear. Faltando 3 millas escucho desde atrás "¡Charlie! ¿Sos vos?" Una chica que había estado el año pasado en el running team en el que yo entreno y que ahora vive en Filadelfia me reconoce y entabla una feliz y corta conversación conmigo (a la postre me escribiría agradeciéndome por la energía que le supuso encontrarse conmigo y que la llevó a correr más rápido sobre el final de la prueba). Recta final, la estatua de Rocky parece saludarme a los pocos metros, y las fanfarrias de la música de la película que me reciben emocionado y tras cruzar el arco el llanto ahogado se escapa recordándome tantos meses de tratamiento de la lesión y todo el esfuerzo llevado a cabo para levantar los brazos en ese lugar y saber que el logro se había consumado: 4 maratones en 3 semanas, y tras eso una sonrisa enorme de oreja a oreja, porque como lo pensé alguna vez "Al final de todo gran esfuerzo, te estará esperando una gran sonrisa".

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