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San Silvestre Vallecana, Madrid (por Fer Vilardebo)



By  Pablo Di Corrado     7:56    Etiquetas:,, 

La carrera de San Silvestre es una mítica carrera que se desarrolla el último día del año. La más famosa; mis recuerdos infantiles se remontan a la única información deportiva en las inexistentes noticias deportivas del primer diario del año, la de San Pablo, Brasil que se disputa desde 1925, con la particularidad que comienza unos minutos antes de las 24hs y termina al año siguiente. 
Luego el mundo se ha poblado de San Silvestres, en todos lados el último día del año se corre esta carrera. Y me tocó en suerte estar en la San Silvestre Vallecana, en Madrid, este fin de año. La carrera más popular de España que genera una atracción enorme, con cuarenta mil inscriptos que en menos de 22 horas agotan las inscripciones meses antes.





Hay dos divisiones, la “popular” y la “internacional”; en la Popular corren 38000 personas; largan por olas desde las 17:30 (casi entrada la noche). La Internacional convoca a los mejores corredores del mundo, tanto de calle como de montaña, a excelentes corredores que califican con marcas menores a 38 minutos para los 10k, y este año incorporaron a los miembros de los Nike Running Teams que aceptaran el desafío de correr con los mejores. Y –este año- yo. Con mi dorsal número 912 y una tarjeta VIP (que miraba incrédulo) me dirigí poco después de las 19hs al sector reservado, aquel que siempre miro de afuera. Mis amigos madrileños, verdaderos atletas pensaban correr en 36 minutos, uno de ellos iba a sacrificarse haciéndome de liebre para llegar en 47’; como no me gustan los sacrificios de nadie pedí que me dejaran correr solo, a mi tiempo, y que las liebres vuelen pues para eso han venido a este mundo. Y a este mundo, y por el mundo, he venido a correr yo. Estar en la zona reservada a los mejores corredores, entrar en la carpa de corredores de elite es una experiencia inédita, una visión del running, un deporte desconocido aún para alguien que lleva muchas décadas corriendo. Y Madrid está de fiesta de Nochevieja. Ciudad monumental; madre patria en varios sentidos, Madrid tiene algo tan nuestro, tan fácil es identificarse con sus modos, sus costumbres, sus edificios, sus luces y sombras. Y de noche, la última noche, correré. 

Por alguna razón que no logro desentrañar olvidé mi Garmin en casa. Correré sin la obsesión del segundo perdido o ganado. Correré por placer. Disparo de largada, a poco más de 5 metros de la largada; jamás había estado tan cerca. Dejo ir a la elite, también a las liebres y me concentro en la mejor versión de mi mismo a ver si alguna vez me da una sorpresa. Pronto me encuentro con los Pacers de 45’ eran cinco corredores con enormes globos de helio con la marca deseada. Esto de los globos es una excelente idea, se ven perfectamente (luego escuché a una Pacer que el globo se le enredó en algún portal del recorrido, y eso fue un problema…!). Madrid está oscura, muchas calles y avenidas con la iluminación apagada (por ahorro de energía), iluminada con la gracia y fantasía de los decorados navideños. Escuché en la largada sobre el difícil tramo del final, con importantes subidas como pesadilla anunciada. Aprovecho con esmero las bajadas, reiteradas, en los primeros kilómetros. Grandes avenidas, rotondas, impactantes monumentos y parques. 


Los Pacers de 45’ se me habían escapado inevitablemente en el km 4. Pregunto al pasar por la mitad del recorrido el tiempo, y ante el dato de 22:10 mi incredulidad a tope, era el momento de apretar los dientes y aprovechar lo que aparentemente sería el milagro de la Nochevieja de Madrid. Quizá, quizá… Conozco esa trampa, sigamos sin reloj, sin paseo turístico (al que soy tan afecto), miremos para adelante y que los dos o tres que reconozco como mi ritmo no se me escapen ni aflojen. Reconozco, sí, el Paseo del Prado, el Museo. La remera de compresión comprime el pecho, los pulmones quieren superar la celda de costillas. Correr con la camiseta argentina es siempre un aliciente importante. En el km 6 un Vamos Argentina me impulsa. En el km 8 la tan temida cuesta, como ésta ha sido una carrera técnica; aproveché a tope las bajadas, me concentro en el paso de subida (acortar los pasos y ayudarse exageradamente con el braceo) y en un infinito anteúltimo kilómetro supero sin demasiado deterioro la pesadilla del final. Solo quedan mil metros, adivino las luces del estadio del Rayo Vallecano, destino de llegada. Cual gloriosa imagen televisiva, una entrada al estadio iluminado con gente en las gradas, césped, entramos por una pista de atletismo rodeando la cancha de futbol y la llegada tras dar casi una vuelta. 47:43 tiempo oficial para los 10 km; (creo ser record del mundo, me siento más que eso). 


Fuegos artificiales coronan el fin de fiesta minutos más tarde. Son las doce de la noche, terminamos el año en Madrid mientras que en Buenos Aires están recién comenzando los fuegos, disponiendo la mesa. En España la costumbre es comer 12 uvas, una por cada campanada que dará el reloj de Puerta del Sol con el comienzo del año. El africano que ganó puso veinte minutos menos que yo para cruzar esa meta. Mis amigos, tan sólo 10 minutos menos. Mientras paso, una a una, las doce uvas al ritmo de las campanadas de los primeros segundos de este año no puedo dejar de sentirme el ganador de la carrera; mi cara me delata.

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

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