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Maratón de la Muralla China (por Lourdes Aguiar)



By  Pablo Di Corrado     14:39    Etiquetas:,,, 

Cómo expresar en palabras la emoción del sueño cumplido… Hoy, a días de haber logrado el objetivo, tengo una mezcla inexplicable de “no puedo creerlo”, “qué duro fue” y “sin dudas volvería a hacerlo”… me da alivio y felicidad que ya haya pasado (y nostalgia a la vez). 



La Maratón de la Muralla China es algo con lo que fantaseábamos hace años. Lo palpitamos mirando videos, fotos, charlando con gente que ya se había animado al desafío. Entrené mucho, lo disfruté, me quejé del cansancio y los dolores… pero seguí. Cada semana que abría el correo que me mandaba nuestro entrenador Diego Santoro lo palpitaba con nerviosismo. En los últimos entrenamientos ya tocaba fin de semana de doblete: sábado cuestas y domingo 35 km (por poner un ejemplo). Llegó un momento en el que sentía que estaba preparada y, aunque nerviosa, sentía que se podía.
Cuando llegamos a China, un país que me deslumbró en muchos aspectos, las cosas cambiaron. Me invadieron aún más los nervios. Quizás no lo exteriorizaba tanto… pero estaba muy tensionada. Ejemplo de ello fue que cuando abrí la bolsa del kit de la maratón y vi mi dorsal, la remera, y mi nombre escrito en un papel (como cristalizando el desafío) estallé en llanto.

Y así fueron esos días previos. Las excursiones del viaje duraban todo el día y nos dejaban exhaustos. En cierto aspecto me preocupaba llegar al día “D” tan cansada, pero a la vez pensaba: “no viajé 30 horas, hasta la otra punta del mundo, para quedarme en el hotel”. Y estaba feliz de estar ahí.
El día del “reconocimiento” todos imaginamos que íbamos a ver la muralla… pero no, la “conocimos” en el sentido amplio de la palabra. Tuvimos que recorrer el tramo que íbamos a hacer durante la maratón, sólo que ese día íbamos a tener que hacer ese camino de ida, y de vuelta. Ahí conocimos cuán dura era la muralla… muchos se bajaron de categoría, y se pasaron a los 21 km, porque los 42 parecían bastante difíciles. Y lo eran.
Finalmente llegó el día. Sábado 21 de mayo. 8 horas (la salida se daba en 4 turnos y a nosotros nos tocaba el último). 21 horas del viernes en la Argentina. Ya le había encomendado a todo el mundo que rece por mí.  Salimos del hotel muy temprano y llegamos con mucho frío. Eran las 5.30 de la madrugada. Se palpitaba mucha emoción. Yo estaba feliz. No podía creer dónde estábamos. Aún hoy no caigo.

Llegó el momento de correr. En el video de los minutos previos a la salida se me ve con la boca torcida, señal de que tengo los humores cambiados. Quería llorar, gritar, correr, tirarme en el piso. Creo que todo se me pasó cuando vi que los primeros 5 km eran de subida constante. Cuesta pura. Después, la muralla. Imposible correrla. Escalones altos, desnivelados, mucha gente avanzando y frenándote, bajadas estrepitosas en piedras rotas… había que cuidar la pisada (un resbalón o torcedura hubiera sido terrible) y había que cuidar las piernas… guardar energía porque ese era recién el primer tramo de la carrera.
El frío inicial mutó en un calor insoportable. Sin exagerar habremos tomado más de 6 litros de agua durante el recorrido. Sol fuerte, boca seca, y muchísimos km de cuestas. Las bajadas eran cortas y estrepitosas, de esas que tenés que ir frenando porque si no terminás a los golpes.
Muy dura. Tremenda. Así defino la maratón en los videos que hicimos durante el recorrido. La mochila de hidratación era como llevar a alguien a cocochito. Y eso que tanto entrenar con ella, ya nos habíamos hecho súper amigas.
Todos lo que corrían (o la mayoría) conocían las carreras de montaña. Walter y yo éramos los atrevidos… yo había entrenado escalones, cuestas y con mucho calor, pero nada se compara a esa maratón.
Las piernas no se en que km me abandonaron. Y tomaron la posta, el corazón y la cabeza. Durante el recorrido nos acordábamos de las palabras de Diego. Pensaba en mis papás, en toda la gente que nos daba ánimo. Esta experiencia había tomado dimensiones impensadas. Todo el mundo sabía que nos íbamos a China, y nos alentaba. En esos km lo pensaba… y me emocionaba.
Después del recorrido por las aldeas, se volvía a subir a la Muralla y para finalizar, se hacían los 5 km iniciales, ahora en bajada.
Por suerte ese día los dolores no existieron. Hoy todavía noto las secuelas del esfuerzo, pero quién me quita lo bailado? 7 horas, sí: 7. Siete horas maravillosas.
Si lo volvería a hacer? Por supuesto. Fue una de las experiencias más lindas de nuestras vidas. Durísima. Pero hermosa.

Desde que volví a casa no paro de googlear “maratones raras”, “maratones difíciles”, “maratones curiosas”. Sí… ya estoy pensando en un nuevo desafío. Desierto o selva, quién sabe. Pero desde ya que no me voy a quedar con las ganas de volver a vivir semejante experiencia como la que pasamos en la Muralla China. Dura, sí, pero inexplicablemente maravillosa. Gracias a Dios y a la vida por ello. Y un gracias inmenso a Walter, mi compañero de km (y de locuras).

About Pablo Di Corrado

Soy Diseñador Gráfico de la UBA y corredor amateur desde 2008. Maratonista desde Buenos Aires 2011. Me enamoré de la distancia y sueño con recorrer el mundo de maratón en maratón. Mi primer gran objetivo es correr las 6 World Marathon Majors. En 2016 entré por sorteo y corrí el Maratón de New York, en 2017 tuve la misma suerte para el Maratón de Berlín donde clasifiqué con mi tiempo para correr en 2018 en Chicago.

2 comentarios:

  1. Que decir que no les haya dicho antes. Los seguimos desde el grupo Loquitos por Correr y le iba transmitiendo su historia a mis conocidos. Gente que ni idea de running, me preguntaba cuándo llegan tus amigos de la Muralla. Una locura la que generaron y un orgullo tenerlos de amigos.
    Marcelo Tibu Distéffano

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  2. Excelente relato, es como vivirlo en carne propia, felicitaciones !!!

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